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lunes, 19 de diciembre de 2016

Y la obra ganadora en poesía es...

AROMAS

Olor a pan tostado,
perfume mañanero,
un café que acompaña el despertar incierto
y una trémula mano se desliza en la mesa
para encender la radio.
Un tango despereza
el matinal sonido que allí vagabundea
por calles aun mojadas con veredas desiertas.

La ciudad me despierta
de un sueño de colores,
de grises y de extraños personajes y olores.
En la neblina avanza un sol que aun no respira
y en el balcón parece
que mi malvón se estira
para alcanzar la luz y entregar sus aromas
elegantes, profundos, mientras el sol asoma.

Aromas ciudadanos,
de un jardín que adivino
a la vuelta de casa, en un patio vecino.
Fragancias de rosales con jazmín amarillo,
y al paso de las gentes
se une el cigarrillo.
Edificios que vibran con perfumes urbanos
y barcos que se llevan los aromas de un tango.

Me sumerjo en tus calles borracho de nostalgias,
de amores y de sueños;
tus lunas tienen magia.
Camino tus veredas, me hundo en mis afanes,
aspiro ya tu río, ¡hermosa Buenos Aires!


Juan Carlos Velazque (Merlo, San Luis)

El primer premio en Cuento es para...

El Milonguero

Cuando  escuché en la radio que habían matado  al “ñato”,  sentí  un escalofrío.  Lo habían encontrado en la calle con dos puñaladas en la espalda.  Ayer no más habíamos estado bailando  en el Sin Rumbo.   El “ñato” era uno de los más renombrados  milongueros  de Buenos Aires. Tenía linda pinta y caminaba el tango con un paso  suave y cadencioso  que lo caracterizaba.   Contaba con veintiocho años.  Dos más que yo.   Éramos como hermanos.
El vivía en Retiro y yo en Villa Urquiza, pero siempre nos poníamos de acuerdo para aparecernos  los sábados a la misma milonga.  El “ñato” era cosa seria, sí señor.  Me acuerdo que hace cosa de una semana  me encontraba mateando en la pieza y como de costumbre escuchando la  Mitre, cuando pusieron “Noche de Reyes” por Canaro en tiempo de canyengue.   No pude aguantarme.  Me levanté de la silla  y me puse a bailar solo.  De pronto en  una  espontánea cortada, me salió un paso inesperado que  encajaba justo.  Lo volví a repetir hasta memorizarlo bien.  Ahora tenía que ver la manera  de cómo indicarle a la mujer.  Me cebé otro mate y salí.  Crucé el patio y le fui a golpear la  puerta a la Felicia.
 Esta era una veterana que en sus tiempos, supo ser  una   milonguera  flor  y  que me había enseñado mucho.  Vivía en la pieza tres.  Me recibió con el mate en la mano y  los  rulos de papel  en el pelo.
            __Hola Rodolfo. ¿En que andás?
            __Che Felicia, ¿Estás muy ocupada?   Se me ocurrió un paso nuevo y quería ensayarlo contigo.
            __Bueno, pasá.  Esperate un momento que termine de planchar esta camisa.
 Un rato después, nos encontrábamos los dos practicando el consabido paso.
__¿Sabes que está bueno?  __Me dijo cuando terminamos._.pero acordate de  hacerle la  presión con la mano derecha,  así la obligás a cruzar.
            __Gracias Felicia,__le dije dándole un abrazo, __estoy deseando que llegue el sábado  para estrenarlo.
            __Que tengas suerte.  ¿No tenés un cigarrillo?
            __Tomá__ Le dije alcanzándole una cajilla que tenía unos cinco o seis. quedátela que yo tengo una sin empezar.
Al  fin llegó el sábado.   A las diez de la noche ya estábamos el  “ñato”  y yo como fierro en   un  rincón  del  salón,  campaneando el ambiente.   El  fue  el  primero  en  salir.   
Me  quedé  un  rato   mirándolo.   La verdad es que era un dandy  en la pista.   Yo ya  le había puesto  el ojo  a  una morocha  que bailaba lindo, así que  en cuanto quedó libre le cabecié y  ahí  nomás  arrancamos.   Estaba  un poco nervioso por el pasito ese.  Tenía miedo de que no me saliera y fuera a hacer un papelón.   Dejé pasar la primera   pieza, pero en la segunda, ya  me  encontraba más confiado,  así que lo metí nomás.   Me salió como ensalivado,  y   la mina ni pestañeó siquiera.   Y así fue. En cada tango lo metí un par de veces como si tal cosa. 
Al otro día lo comenté con la Felicia.
            __¿Viste? __ me dijo sonriendo, si vos bailás un montón Rodolfo.  El “ñato” lo que tiene, es un poco más alto y tiene  una elegancia natural,  pero en lo demás,  no te lleva ninguna ventaja.
            __No me jorobes, Felicia.
            __No te estoy jorobando, vos no tenés nada que envidiarle a él.
            __Si vos lo decís.
El siguiente sábado,  nos encontramos en la milonga y como teníamos costumbre, pedimos unas cervezas y nos pusimos a relojear el ambiente.   Al cabo de un rato sonó Tanturi y el “ñato” me tocó con el codo y salió derechito a abrazarse  con una mina.  Yo me puse a  observarlo.  ¡Que clase, compañero!    ¿Cómo  se  le  ocurría  a  la  Felicia   decir  que  yo bailaba  como él?.   Entonces, abrí los ojos sorprendido.  Este bandido  se  estaba  luciendo con mi paso.  ¡ Y que bien que le salía!   Encima lo completaba con una cortadita de mi flor que  era de  morirse.  Eran las dos de la madrugada cuando dejamos el salón.  Caminamos
hasta la esquina y ahí  nos despedimos.   Del paso, ni una palabra.   La radio estaba diciendo que  la  Policía  estaba  buscando  el  arma  homicida.   Si  dragan  el  río  puede  ser  que la encuentren.   Perdonáme  hermano, pero el paso era mío.




Walter Acosta(Melbourne, Australia)

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Y cruzaron el disco... de pasta

Cuenta la leyenda que en 1925, año de las giras y las gestas épicas, guiados por el suizo Aimé Tschiffely, un par de caballitos criollos, Gato y Mancha, emprendían la odisea de unir Buenos Aires con Nueva York... Noventa años después, otros dos pingos, burreros y literarios, acaso ignorando el precedente histórico, entrelazaron el campo con la costa, unieron Pergamino con Mar del Plata con escala obligada en San Isidro, también para consagrarse...
 
Esto surge de la resolución de la última edición del Certamen Literario que anualmente organiza el Centro Cultural del Tango que en 2015 tuvo como eje temático al Turf y tuvo su ceremonia de premiación el pasado Sábado 12 de diciembre en el marco de los festejos por el Día Nacional del Tango.
 
Los ganadores no fueron improvisados en la materia y ambos ya habían sido laureados en fustas de este tipo. El "Vasco" pergaminense Adolfo Zabalza, en poesía, y el oriundo de "La Felíz", Raúl D´Alessandro, en cuento breve, alcanzaron el premio mayor.  El primero lo hizo con su obra "Van de la mano", mientras que quien también se coronara en 2014 en relato llegó a la victoria con "El último clásico". 
 

También fue la gran noche de María del Rosario Lorenzo, quien hizo doblete de publicación en el cuadernillo con las obras premiadas , y Norma Fernández, quien por primera vez accedió al mismo, ubicándose entre las cinco primeras.  Ambas posibilitaron que Los Poetas del Encuentro de Villa Ballester volviera a consagrarse en Entidades, una modalidad extra de competencia que tiene por objeto el estímulo de la actividad y la creación literaria en talleres, clubes, sociedades de fomento, etc.
 
 
 
Casellas. Un bardo que supo ser bicampeón, siempre presente.
 
Desde Lujan para llegar al podio.
Por su parte, Mirta Beatriz Mineo se alzó con el Premio Roberto Peregrino Salcedo, un estímulo que anualmente se entrega, con su cuento "El último tango".  A continuación reproduciremos los esquemas con las obras premiadas (del primero al quinto) como establecen las bases que en 2016, y a modo de homenaje del 70º aniversario del Glostora Tango Club tendrá como temática "El Tango y la Radio".
 

 
 
Finalmente, las obras que se adjudicaron el XV Certamen Poético y XI de Cuento Breve, de una calidad extraordinaria, fueron compartidas con el público presente, ávido de disfrutar de versos, metáforas y alegorías.  El propio Zabalza, quien a su vez se alzó con el Premio Entidades (Grupo Literario Hojarasca, de Pergamino), interpretó sus palabras mientras que Rubén Fiorentino fue el encargado de leer el cuento ganador, trabajos que compartiremos a continuación en versión audiovisual, para compartir la emoción del momento, y en forma escrita para los rigurosos analistas, deseosos de diseccionar versos, evaluar métricas o buscar recursos literarios..

 
VAN DE LA MANO
 
 
 
 
Tango y Turf van de la mano
por la recta de la vida,
y entre atriles y corridas
se dan abrazos de hermanos,
allá en un tiempo lejano
aquella unión verdadera,
apagó la lastimera
queja de algún perdedor,
cuando un tango flor y flor
cubrió pistas y gateras.
 
Quizás “Por una cabeza”
sea el himno del burrero,
quien muchas veces cabrero
lo canturreo con nobleza,
este tango es la certeza
de que el Turf es la pasión,
que lleva en el corazón
todo aquel que los domingos,
se juega el resto a su pingo
buscando su salvación.
Cuando se cierra el portón
y se apagan las luces,
un tango le sale al cruce
al que enjuga un lagrimón,
pero por guapo y varón
no se deja ver llorar,
por eso dentra a silbar
para aliviar su tristeza,
aquel “Por una cabeza”
que nunca habrá de olvidar.
 
 
 
El último clásico
 
                        
            Bajó la persiana el gran cambalache.
            El último guapo empuña el sable sin remaches, y se trenza en duelo de fierros con las agujas del reloj. Las comadres se persignan, y un perro llora en el bajo.
            Los que junan el libro sagrado te chamuyan la justa; se acabó lo que se daba. Hay cuatro pingos con nombres de mishiadura que van a galopar sobre la última hoja del almanaque.
            Se pianta la vida, cortó menos diez. Ya dio la hora el gran referí.
            El resoplo del fueye apaga la luz del farol, y se va rengueando el organito por el callejón. La sonrisa de Carlitos abandona el bronce y quedan las grisetas nocturnas yirando las calles, sin rumbo, ni fe. Una madre prende la vela final y se arrodilla pidiendo piedad.
            El mate se enfría, se acabó la yerba secándose al sol.
            Un punga se afana un buzón buscando esa carta que nunca llegó, y en un recodo del riachuelo se ahoga una esmeralda en su corriente. Hay luna en cuarto menguante; el campeón  cuelga los guantes y tira la toalla al ring side.
             Una paica llora al curda que se apuró a partir en una falsa largada, y dejó amurada la copa en el estaño. La popular deja de garpe un grito de gol en el vestuario, y una nube negra oculta la florcita que se hunde en el fango. El escolazo se declara en bancarrota. Hoy no se fía. Se le vuela la paloma al viejo gavilán, y le deja un clavel marchito en la solapa. Y en la afonía de Malena, se suicidan tangos en la boca. Los yuyos cubren el caminito.
            Se silencia el lunfa. El obelisco se tambalea cuando el canillita anuncia la partida y  sueltan los pingos bravíos. Son cuatro pelajes en galope mortal; arrasan los barrios pisando malvones, y escapan llorosas las lindas pebetas de trenza y percal. Los cascos furiosos arrancan de cuajo el dos por cuatro, amasijan los fueyes ante el llanto de violines, y una lágrima en la garganta del cantor deschava su pena en el temblor de su voz. El tango nos deja.
            Doblaron el codo en la recta final, y sangra el arrabal herido por herraduras maulas.
            El corazón compadre de estirpe porteña sale en su defensa, y se alza el suburbio con himno de cumparsita. Corte, quebrada, luna de tango, y en la fantasía de un fileteado aparece un pulpo montando un potrillo de noble pedigrí. Castiga por dentro, y al compás de un tango taura, se abre paso entre la humedad que mata y le suelta rienda a la canción maleva.
 
            El tango no está perdido.

            Quinquela encurdela el lienzo de la rivera con colores vivos y pinta el verano, vuelan boletos montados en golondrinas y la algarabía desata el corso popular. Brotan jazmines en el asfalto. La luna guiña un ojo y los faroles encendidos van al pie de su seña. Hay aires de bandoneón sobrevolando los cien barrios porteños, y mi Buenos Aires querido se remonta como un barrilete buscando el cielo de la rayuela.

            Alentado por silbidos de cuarteadores, la monta criolla se apila. El pingo fiel a galope tendido se prende al grupo echando el resto, y estampa sus cascos en las arenas del tiempo.

            Cruzaron el disco. Se corrió el premio Apocalipsis, y hay final de bandera verde.

            Un malevo se santigua y junta sus manos pidiendo un milagro al dios del gotán...-Tango nuestro que estás en los fueyes...venga a nosotros tu son...

            Una lágrima artera le hace el feite de un barbijo, y le detiene el corazón por un instante.

            Se anuncia el marcador oficial. El caballo de la calesita gana por una cabeza y el alma del arrabal se hace inmortal en el tango.

 
             La voz de Carlitos le rinde tributo, y el maestro se pasea con la fusta bajo el brazo por las calles del recuerdo.

viernes, 26 de diciembre de 2014

Qué regalitos



Revisando el arbolito, pasadas las doce del 25, encontramos literatura y de la buena. Es por ello que, cerrando el año de homenajes a Aníbal Troilo, queremos compartir con ustedes dos piezas de excelencia que le rinden tributo y resultaron triunfadoras del concurso que organizáramos y que con brillantez culminamos el pasado sábado 13.

Saludos a todos los lectores, los tangueros y los no tanto, los amantes de las letras, los participantes y a todos los amigos que siente una pasión similar por las cosas sencillas de la vida...


Sueños de bandoneón

 

                Anuncia un gallo la madrugada y la curda lo trasmuta en un tenor de fantasía, llueven serpentinas y pasan las carrozas con reinas de barrios luciendo sus labios color carmesí, despliegan sus plumas como papagayos en cortejo burdo de falso glamour entre luces traviesas jugando rayuela sobre el empedrado. El circo desfila con un payaso de mueca triste escoltando una estrella, y encabezando la marcha el maestro de ceremonia repitiendo siempre la misma premisa...

                -La última y vamos, ya es tarde...Vení, que amanece.

                La serpiente de ceniza delata que el pucho dejó su cadáver en el cenicero sin el adiós de una pitada, se fue sin mi último beso. Igual que ella.

                Soy un brote de la mesa, mi codo y la madera se han vuelto uno, siempre esperando la suerte como a una piba de arrabal, las cartas traidoras no acuden a la cita del paño y suicidan mi porvenir en la timba. El patrón me fía por los derechos humanos y mi fama de pagador, y al final, amanezco en soledad esperando la llegada de mi fantasma de madrugada.

                Puedo oírlo, está llamando con timbres de bandoneón a mi puerta, ya voy Pichuco, déjame acomodar la curda a un costado para poder escucharte, sentá los duendes que acampan en tu instrumento y compartí esta mesa que me queda grande, abrigame en tangos que siento el frío de no tenerla. Solo vos rescatas mi sueño de alimentar la manía de correr tras su nombre, no alcanzo a colgarme en el pescante de su adiós y se va de mi vida, Pichuco. Ya no está.

                Se que todo es una fantasía que compartimos vos y yo por eso me tomo la licencia de preguntar... ¿Cuando tocabas de niño....es cierto Pichuco que un ángel te guiaba las manos.?...

                A veces puedo verlo, cuando la curda pega la atropellada de los metros finales y le gana a la razón por una cabeza, juro que veo tu ángel, y a vos vestido de blanco, maquillado de luna, abriendo las arrugas del fueye para soltar las mariposas de alas negras que sobrevuelan el suburbio de mi decadencia sobre esta mesa. Te lo juro, yo te veo.

                Con tu contorno redondo dibujado con el compás de tus acordes, ofreciendo al fueye tu aliento húmedo de tango, cautivado en su resoplo compadre hasta que la noche te citó a su patio de estrellas y el arrabal se llamó a silencio. El fueye te acunó en su arrullo y te dormiste en el barrio del infinito donde los niños ausentes corretean tarareando tangos en la cortada de Dios.

                -La última...ya es tarde...Vení.

                Ponga a Pichuco una vez mas patrón...¿No ve que estoy soñando con el?...a veces tomo de mas para poder encontrarlo cuando me pierdo, déjeme oírlo una vez mas, ahora que se durmió sobre el bandoneón sus dedos escarban los tangos de raíces mas profundas. Esos que duelen.

                Ella soñaba al oírlo y me mantuvo la mano hasta la última curda, luego se fue y quedamos solos, copa mediante, vos y yo Pichuco.

                No pares de tocar hasta que el patrón nos piante, ya ha puesto las sillas sobre las mesas y hará el balance del día anotando un par de rondas a mi larga cuenta, usa tu fueye de almohada Pichuco, y soñá con tangos nuevos, yo te hago el aguante al pie de la vida mientras se amansa la curda y dejó mi nostalgia sobre la mesa pensando en la que no está. La noche ya se fue al mazo y  el patrón nos dio su venia, está silbando tu melodía y se ha desentendido de nosotros.

                 Ayúdame a trepar el paredón del sur, y después....

                Voy a dormir en tu tango hasta la última queja de tu bandoneón.

  

Raúl Oscar D’ Alessandro – Mar del Plata, Buenos Aires
 
 
 

 

 
 

lunes, 23 de diciembre de 2013

Para disfrutar en el arbolito

Como es tradición a esta altura del año queremos regalarles un instante con la buena lectura. A modo de obsequio queremos compartir las obras que han resultado triunfadoras de nuestros anuales certámenes literarios y, además, hacer justicia con dichas páginas, difundiéndolas.
 
Es por ello que les ofrecemos el poema "Calle Corrientes" de Carlos Casellas, vecino de la ciudad de Buenos Aires. Usualmente utilizamos para las poesías una imagen similar a la empleada en el librillo que repartimos en la velada de celebración del Día Nacional del Tango donde dilucidamos los triunfadores de dicha contienda literaria. Sin embargo en la ocasión queremos convidarlos con una iniciativa del propio autor quien adosó a los hermosos versos de su soneto, la silueta de nuestro logo distintivo, fruto de la inspiración de Hugo Pendziuch.
 
 
 
Por otra parte, también queremos que aprecien este otro trabajo, un cuento de Alberto Mario Martinena, oriundo de Venado Tuerto (Santa Fe) quien se alzó con el premio mayor en el rubro y lleva por título "Dobló una esquina cualquiera". ¡Que lo disfruten..!
 
Derrochaba bichitos de luz la noche sabatina, unos pocos la tranqueaban solitarios, otros metejoneados soñaban amores en contramano, además no faltaban los que con la patrona emperifollada palpitaban el cuore de la Reina del Plata que te daba pases para los bailongos, el biógrafo, y estaban los que apilaban biyuya derrochando juergas en lujosos cabaret de pálidas lusantas y paponias querendonas entre el descorche de la champaña.  Un varón infanteriaba sin alzar palabras, sonreía buscando desdibujar las amarguras que le garpó la vida en el umbral del final.  En otros tiempos, con desplante descarado copó bancas sin fregarle un corno el entorno, hasta que el cubilete le volcó los dados para ser un punto cualquiera en viejo paño verde remendado y desteñido...  No tuvo otro espiante que arrugar apechugando el repecho, y aún pretendía que lo recordaran cuando con su pinta y pocas palabras sobraba para ser presencia ancha en cualquier milonga arrabalera.  Leones rayados, saco cortina, funyi, lengue con monograma, recuerdo de un metejón, y timbos que pisaban fuerte; pensar que por esos tacos no faltó algún serio que lo engayolara y dopo darle la polca del espiante en chancleta como güifaldo carbonieri mantenido a marroco y mate amago lagrimeando mishiadura.
Se le ensombrecieron los recuerdos cuando varios mocosos lo obligaron a mandarse contra las ruinas de un zaguán esquinero abandonado y de yapa se preguntaron:
-¿De dónde rajó ese cusifai---?
-Quizás de algún sainete, o el progreso que demolió el último conventillo---
Esa fue la contestación entre carcajadas de otro mal enseñado irrespetuoso- Aquella noche, mordiendo amarguras, se le desparramó la osamenta cuando alumbró los fasos ya que la minita del kiosco lo sobró como pulga de catrera ajena porque al no encajonar chirolas para el vuelto, tuvo que morfarse unos masticables que de dope no le emplomaron dos caries.
Tratando de apechugar la amarga retirada le estrechó los cinco al Chacabuco lustrín que arrinconado en una ochava no digería cómo esa muchachada floreaban la pinta calzando zapatillas y con colores de mino.  ¿Dónde archivaron aquellos charolados que con cortes, corridas y quebradas en cualquier milonga  mostraban los destellos de la noche porteña...?  El varón jamás se jugó en una reculada, pero esa madrugada lo encanaron cientos de evocaciones.  No podía ocultar el trago de lágrimas que humedecieron las sombras aquietadas.  El funyi se hizo compinche de un adiós, el lengue se humedeció como aquel atardecer cuando el varón enjugó el llanto por la viejita que buscó cultivar flores en los jardines del buen Jesús.  La noche le abanicó las trampas del destino con años espiantados entre la aburrida sonata de grillos, y la niebla del bajo se hizo testigo sin chamuyarle de ese dolor fulero para bancarlo...
Silbando un ayer de estrellas opacadas, orillando el riachuelo se perdió el último milonguero de una época en la que le hacían ronda así lucía sus cortes y quebradas... Dobló una esquina cualquiera acompañado por las sombras del olvido...

martes, 18 de diciembre de 2012

Para el arbolito, las obras ganadoras

Una nueva edición de nuestro ya clásico Certamen Literario culminó el pasado sábado 15 de diciembre en el Teatro del Viejo Concejo con la coronación de los triunfadores del mismo.
Lamentablemente no fueron muchos los concursantes que se acercaron para disfrutar del espectáculo y gozar del merecido aplauso de la concurrencia por haber aportado su granito de arena a la cultura popular. Sin embargo tuvimos el gusto de  recibir a Ricardo Biglieri, quien desde Pergamino nos sorprendió como representante de su amiga Elida Cantarella, a Sergio Omar García, de "Los Poetas del Encuentro", que se adjudicó el Premio para Entidades de Cuento (junto a Norma Fernández y María del Rosario Lorenzo), Eduardo Roberto Kerschen, el oriundo de Garín siempre fiel a nuestras convocatorias y por supuesto los "campeones"...
Sabíamos de antemano que Delia Fernández Cabo no iba a poder cruzar el charco desde su Canelones cotidiana, puesto que los pasajes estaban agotados por la visita de Madonna a nuestro país. Era tanta su desazón por no poder estar que nos envió un poema en honor al tema del concurso. De todos modos se las ingeniaron para tener presencia en el Teatro del Viejo Concejo de San Isidro a través de Yudi Alvarez, quien recibió en su nombre el trofeo y diploma que la acredita como vencedora del año 2012 en Cuento.
Quien volvió a honrarnos con su presencia fue "el Vasco" Adolfo Zabalza. Luego de varios lauros, el pergaminense se coronó por primera vez en uno de nuestros certámenes y su alegría nos contagiaba. 
Como pudieron observar en el video de la crónica de la velada ("Letras..."), Zabalza subió al escenario a recibir su premiación y a ofrendarnos los riquísimos versos que le otorgaron una merecida victoria, tal como juzgaron Juan José Galo, Héctor Negro y Roberto Selles.
Sólo quedaba el obsequio de los libritos con las obras galardonadas (hasta el quinto puesto) y la convocatoria para una nueva edición, el año próximo, de nuestro tradicional concurso tanguero que tendrá como temática: "Esquina de tango".

Para el final, queremos regalarles las obras ganadoras del XII Certamen Poético y VIII de Cuento Breve, para atesorar antes de las fiestas que se aproximan. Queremos augurarles lo mejores deseos a Uds. y a sus respectivas familiar, brindarles nuestra gratitud por la confianza depositada y las atenciones de todo el año y la esperanza de reencontrarnos oportunamente en 2013.   

Lunfardeando
       Era una noche invernal, larga noche de julio, propicia para gastar el ocio conversando. En el comedor de aquella casa de los suburbios tres hombres dialogaban al calor del hogar encendido, que atenuaba el frío que se colaba por las rendijas de las persianas vencidas. Por dentro se templaban a puro mate y algún trago. En ocasiones la conversación se volvía ríspida, envalentonada por la razón que cada uno creía tener, o descendía hasta el murmullo cuando se dejaba envolver por los recuerdos de Don Francisco, el mayor de los interlocutores. Y el tiempo iba y venía deslizándose a través de los años y las experiencias de cada uno.
       Allí estaban: él con sus ochenta largos, su hijo José y su nieto Fernando. Don Francisco conservaba la apostura de sus años jóvenes pese a que la vejez le había adelgazado bastante. Y aún mantenía intacta la memoria. De pronto, con voz queda, como hablando consigo mismo dijo: -la zabeca me funca al pelo; las tabas me responden y a la huesuda no la pienso dejar entrar por ahora.
Acompañó la cavilación ajustando el lengue de seda blanco, resabio de su época de compadrito cuando era habitué de la zona portuaria, de cabarets y milongas.
-¡Lujo, viejo! contestó José mientras le acercaba el mate a cambio del vaso de grapa con limón que estaban compartiendo.
       Vestía equipo deportivo que le servía de abrigo y le permitía sentirse joven y moderno. Calzaba unos míticos All Star. José, ya cincuentón, estaba pasando por un virulento viejazo. Según él tenía onda. Usaba unas pilchas y llevaba una vida más adecuada a la edad de su hijo, que rondaba los  veinte años.
       Fernando  observaba la escena, hablando poco, enfundado en un jean tajeado, un canguro y unos championes con resortes como los de los grupos de moda. De vez en cuando esbozaba una sonrisa ante las anécdotas del abuelo o sofrenaba un bufido reprobatorio por los comentarios hirientes del padre. De la botamanga asomaba un tatuaje pequeño, como un collar, que se lo habían hecho cuando le grabaron el barco pirata que lucía en el antebrazo izquierdo. Usaba caravanas en las orejas y un arito en una de las cejas.
       Como digo, Fernando se mantenía al margen de la conversación limitándose a escuchar. Hasta que: -¿Y que me dice, viejo, de la pinta de los gurises de hoy en día? ¡Cómo hablan! Da vergüenza. ¡Mejor ni acordarse de las guarangadas que escuchan!
-Me gustaría que el botija dijera lo suyo.
Fernando miró a su abuelo y pesando las palabras dijo: -miren,  soy fana de La
Vela Puerca y los Wachiturros. Soy un chabón que toma alguna birra los finde; no curto merca; no choreo y por ahora con las guachitas sólo un  toco y me voy. Si me juzgan por la pinta, me lo banco. No me meto en bardos; nunca me agarró la yuta y por ahora,¡ joya! Si algún melena de mi tribu se pasa de vivo en el boliche, le echamos flit. No queremos lío con los patovicas. Cuando hay que estudiar, estudio. Cuando quiero conectarme, voy al Cyber. Si hay fiaqueta y el veterano me pasa unos mangos, me voy a una fastfud. Si no, morfo lo que me de la vieja.
-¿Vio?,¡ Qué manera de hablar!
-Mirá, si te canto la justa te digo que me recuerda mis años mozos. Y revivo cada una de mis garufas. Yo iba a las milongas, él al boliche y vos, si mal no recuerdo, a la boite. Yo curtía el burdel, vos la amueblada y él esa expresión  que escucho muy seguido en la tele en boca de Moria Casán. Yo morfaba en el bodegón, vos en el restó y él …
-En la fastfud, abuelo.
-Miro los pelos del pibe duros de gel y me acuerdo de mis peinadas a la Brancato y de tu corte ridículo como el de aquellos ingleses que escuchabas en el combinado todo el día e imitabas sin asco.
-Pero viejo, no se gual. El que nace para pito nunca llega a corneta. ¡Por favor!
-Bueno,¿dónde está la diferencia? Yo te sigo mostrando en qué nos parecemos. Por lo pronto los tres chamuyamos lunfardo.
-¡Está chocheando!
-Y vos estás gagá. ¡Que vachaché! ¡ Reconocelo! Dijo Don Francisco queriendo dar por terminado el tema. Pero José insistió:-la música, viejo,¡la mú -si –ca! Enséñele a este lelo lo que es el tango.
-¡Por mucho que has de saber vos del gotán! Siempre fuiste roquero.
-Es cierto, anduve muchos años naufragando, frecuenté Kibon y escuché música recopada.
-Música gringa, dirás. Y cuándo tarareaste siquiera un gotán, decí, cuándo. Cuándo apretaste una mina franeleando con la excusa de un ocho, un firulete, una sentada…
-Era otra época.
-¿Y?... Esta también es otra época.¿Y sabés qué? Te siento más lejano que al pibe porque no reconocés que los tres lunfardeamos. Lo que pasa es que vos sos un chanta, te seguís fajando con la Bidú. ¡jaja!
       Fernando que escuchaba en silencio, de pronto alzó la voz y dijo:- yo conozco poco del tango que usté curte, abuelo. Pero escucho el que canta Mollo en Argentina y aquí “Bajofondo”.¡Cambalache es lo más! Mire, era una sorpresa que le iba a dar en un rato. Le pedí unos mangos a la vieja y compré dos entradas para ir a verlos al Cine Plaza. Juntos .Usté y yo.
Los ojos de Don Francisco resplandecieron de alegría. Fue hasta su viejo ropero, le sacó las naftalinas al sobretodo, se lo puso, comprobando con satisfacción que aún tenía facha; se ajustó el lengue y miró el gacho gris que le guiñaba desde el perchero. Lo tomó entre sus manos, lo acarició: primero la copa y luego el ala dándole cuidada forma a ambas. Y se lo calzó a lo Carlitos, de cotelete. Volvió a mirarse en el espejo oval en cuya luna cascada se apreciaba el paso del tiempo.
La imagen que le devolvió lo retornó al pasado y se sorprendió diciendo:-¡ahora paramos a un tachero y nos vamos los dos de farra!
-¡ A reventar la noche, winner! Le contestó Fernando, feliz al ver a su abuelo tan entusiasmado y tras golpear sus palmas contra las de él.
       José, queriendo entender, los  miró irse. Y quedó pensando…“El pobre viejo está piantado…” Salió a correr, como todas las noches. El MP4 ajustado a los oídos con los temas de las Stones; la botella de energizante y el paso atlético de veterano venido a pendex.…”¡Decir que los tres hablamos lunfardo!”…
Al pasar delante de una vidriera se miró como antes su padre frente al espejo. Él también quedó satisfecho. En ese preciso momento había hundido la panza. ¡Si parecía un pendejo!…”Botija, pendejo, chabón”…
Trató de imaginar qué estarían haciendo aquellos dos relocos y por su cabeza se cruzó la figura del padre haciendo pogo. Lanzó una carcajada solitaria e histérica que se fue transformando en un sollozo ahogado y convulsivo. Le hubiera gustado ir con ellos. Pero la rebeldía de los años setenta hediendo a pachuli, le había dado un tirón de orejas. Sí, la rebeldía, como la que hoy le molesta en su hijo y como aquella que llevó a su padre a la bohemia de tangos, fueyes, grelas, bodegones…
“La vida se repite. Todo termina siendo lo mismo. Hasta el chamuyo. ¡La pucha…!¡El viejo tiene razón!”…    

Delia Esther Fernández Cabo – Canelones, Uruguay




miércoles, 14 de diciembre de 2011

Para disfrutar antes de las fiestas

Como cada año es un inmenso placer compartir con nuestros lectores las obras ganadoras de nuestro Certamen Literario anual. Como fuera adelantado en la crónica de Rubén Fiorentino, publicada ayer, el oriental Horacio Silva Fagúndez se alzó con el primer premio en el rubro Cuento Breve, con su obra "Dos funciones de un organito", mientras que José Luis Frasinetti se coronó en Poesía, gracias a los versos de "Díptico para una pena", trabajos que publicamos a continuación, a sabiendas que las disfrutarán como nosotros.


Dos funciones de un organito 

La primera entrada del organito y el organillero sordo al café  y bar "Los amigos de Yatasto" fue más trágica que la segunda y ocurrió una tarde de otoño. Una tormenta, venida desde quién sabe qué profundo agujero del infierno nacido y criado en el Río de la Plata, había oscurecido la ciudad. Adentro, en el café, las mesas empezaban a chirriar adivinando la humedad que sería inminente en unos minutos. Recuerdo que yo había llegado una media hora antes, y me entretenía dibujando círculos de agua en la mesa con el fondo de mi vaso de ginebra. Todos los de siempre estaban allí. Y también, atraídos por la lluvia que ya se oía en los techos de las cuadras cercanas, algunos desconocidos, que fueron los que desparramaron y malentendieron esta historia. Antes de que el organillero entrara, había un profundo silencio, nadie puede decir hoy que fuera la calma que precede a la tormenta o un preámbulo artístico impuesto por el destino para la música de los tiempos idos que estaba por llegar. Desde mi mesa podía ver a la gente corriendo afuera y a las sombras de adentro: López deshilachaba unas hebras de tabaco, Rombito y Juan sacudían el polvo de tiza de la mesa de billar, esperando una pareja contrincante, los hermanos Lucio miraban a los que entraban con curiosidad, temiendo como siempre el ingreso de algún cana y los jugadores de truco alisaban las cartas que también empezaban a arquearse por el aire pastoso que entraba por las rendijas. Un trueno descomunal hizo temblar las paredes, las botellas se sacudieron un fantasma de polvo y los carteles de chapa que promocionaban bebidas que ya no existían largaron al piso cascarones de herrumbre. En ese momento se cortó la luz, y con en el último eco de la descarga, un segundo antes del aguacero, entraron el organito, su ejecutante y la cotorrita mojada que parecía como muerta en su hombro.
-Disculpen señores, pero entro para proteger el instrumento-dijo, entre guiños.
-Dele, nomás-le respondió el gallego desde atrás del mostrador, mientras encendía un farol.
Era un hombre flaco, o enflaquecido, usaba un sombrerito bombín y vestía un traje marrón, de trama transparente, un pañuelo blanco o amarillo le cubría el cuello que parecía el de un gallo viejo, con barba y bigotes quemados por el tabaco. . A pesar de la falta de carnes, se las arreglaba muy bien para levantar y mover la caja de madera a la que le quedaban dos de tres patas La cotorrita, comparada con el organillero, parecía la reina de Inglaterra. Todos giramos para mirarlos, mientras él pedía una caña y buscaba una moneda en los bolsillos. López me miró porque adivinó que no tenía. Ya calculaba que uno de los dos le pagaría el beberaje al viejo y me hizo saber con una mueca en su boca que “dejá, hoy me toca a mí”.
-Eh, amigo-dijo poniendo la mano cerrada sobre el mostrador- los parroquianos invitamos si usted hace sonar el organito, aunque más no sea para que no se escuche la tormenta.
Nos pareció que el viejo agradeció el convite con los labios ya puestos en el borde del vaso. Bajó la caña de un tirón, ante la mirada de reprobación del gallego a López que se escudaba alzando los hombros y poniendo cara de inocente, como si no hubiera podido evitarlo. Al bajar el vaso, López le hizo señas al gallego para que le llenara otra vez, pero el organillero se apartó del mostrador y tomó la posición de alguien que está por cavar un pozo en la piedra mientras se secaba los bigotes con la palma de la mano. Un rayo iluminó a todos de un modo extraño, como una especie de disparo que queda grabado para siempre en la memoria.
-Bueno, vamos a trabajar-dijo, poniendo a la cotorrita en el borde de la caja sonora.-Pídanle a Clementina que les diga la suerte y después vemos con qué repertorio andamos.
López miró a todos con complicidad y se agachó un poco hasta el ave. “A ver, Clementina, qué tenes para nosotros”. El bichito sacó una tarjetita azul violeta de una caja de fósforos que estaba pegada a la madera. López, esperó que un trueno se acabara y leyó, dicharachero
Viejos amores de tu vida/ no te dejan olvidar/ Cómo duele haber amado/ cómo duele recordar 
El cilindro empezó a girar. Las notas volaron y una profunda melancolía de la que hacía tiempo estábamos privados nos hizo sonreír. “Música de organito” y  “Cotorrita de la suerte”, pensé mientras los acordes recorrían un repertorio de melodías olvidadas y pintorescas. Reconocimos solo algunas “Empujá que se va a abrir”, “Rodríguez Peña”, “El otario”, “El porteñito”…Con los ojos cerrados, el organillero rotaba el manubrio con una mano y con la otra sostenía firmemente una de las paredes de la caja, y sonreía una sonrisa rara, que parecía en un llanto, con varias caras al cielo raso, como en un trance.
Pero entonces ocurrió la tragedia. Se hizo un breve silencio, la manivela giraba con un crujidito rasposo y silbante que no le habíamos oído hasta entonces y empezó a atacar con “La morocha”.  Los que seguían el ritmo con el pie o con las manos quedaron como petrificados. Las miradas se cruzaron en la penumbra y fue López el que se animó a decirle:
-Ese tango, aquí no se toca.
El viejo no lo escuchaba y seguía dale que te dale con la manijita.
-Que ese tango, acá, no se toca. ¿Me escuchás? No se toca.
Nada. López y otros lo tomaron por los hombros, lo levantaron por los aires y lo tiraron afuera con cotorrita, organito y todo, al agua.
-Viejito de porquería-dijo uno, mientras lo mirábamos ponerse el sombrero aguado y alejarse sin entender, como quién huyera del diablo que acaba de saludarlo con una lengua de fuego.
Y nos quedamos allí todos los demás, pensando en la morocha, en la nuestra. Una mujer inolvidable y esquiva que bailó por estos andurriales como ninguna otra. Nos quedamos maldiciendo a quien nos había vuelto a despertar  la nostalgia por unas pantorrillas como columnas griegas que hacían perder el sueño y un escote interminable, embrujador e interminable. Y el dolor perdido, el que pobremente habíamos tapiado con rutinas inocentes, que multiplicado recobrábamos ahora, parecía más sangriento, más vivo, más rojo. Ojos y labios de mujer venían a formarse en las sombras de los relámpagos; susurros de amor imposible nos torturaban con cada trueno. Descansábamos de cada lagrimón con un “viejo de porquería”, como un bálsamo de venganza ante los gemidos de bufoso que nos había quedado en el pecho después de escuchar su tanguito criollo. ¿Dónde estaría ahora? ¿Qué oscura barra de miserables estaría paseando las pupilas por sus tobillos y muslos que volaban, por su melena renegrida de ángel caído?

***
Pero antes de la segunda entrada, ocurrió el episodio de la mujer del pasado. Fue una tarde de primavera, qué ironía. Todos estábamos alrededor del radio de transistores recalentados. Se transmitía un Argentina-Uruguay que más debiera llamarse un Buenos Aires- Montevideo, porque qué técnico de los buenos conoce a las verdaderas luminarias escondidas en campitos o potreros que están más allá de los límites del Riachuelo, la General Paz o el Río Santa Lucía. Aburridos, ya no esperábamos un gol, sino que alguno de los centros half  viera una roja por jugársela por su patria metiendo un tremendo patadón que le cortara la carrera a un hermano del Plata, cuando de pronto se escuchó la voz de la mujer pidiendo un guindado y una ginebrita. La miramos boquiabiertos, sin creer, sin querer creer por piedad. Tomó sus bebidas extrañamente mezcladas, nos sonrió a quemarropa, con cierta tristeza, con cierta vergüenza, y se fue. La seguimos, mudos y absortos hasta la puerta, López le preguntó a Rombito:
-No era, ¿no?
-No, no era. Esta es mayor…otra mujer, mucho más mayor.
El tiempo, implacable, nos daba una bofetada a cada deslucido vaivén de las caderas de aquella mujer.
Un pibe que siguió escuchando el partido se nos vino gritando “¡Ehhh, echaron a dos uruguayos y un argentino le está dando la biaba al juez!, ¡se puso bueno, se puso!” Nadie le prestó atención, solo teníamos oídos para las mentiras que nos estábamos inventando. 
***
Unas semanas, unos meses, unos años después- quién puede decirlo con certeza- “Los amigos de Yatasto” se preparaba para una merecida desratización y limpieza de plagas, impuesta a punta de revólver por el municipio y bajo amenaza de cierre. Todos esperábamos en la vereda la llegada del DDT. Yo pude ver un puntito marrón que avanzaba por la calle, a los tumbos. Codeé a uno y le hice una seña con el mentón. A lo lejos se veía a un hombre y una caja de madera de dos patas con la noble figura de una cotorrita pintada en el costado, con un fileteado impecable de “En memoria de Clementina, la cotorrita adivina”. En cuanto nos vio, el organillero rajó como pudo, arrastrando la caja con una manito flaca y reseca. Los muchachos lo alcanzaron y lo trajeron como a un reo. Le sirvieron un vaso de caña, lo sentaron en la mejor silla del bar, lo rodearon tal como se lo hubiese rodeado al papa. Con los ojos llorosos, con el aliento perdido de quien pide un último deseo, le pidieron “La morocha”. 
Horacio Silva Fagúndez - Paysandú (Uruguay)

martes, 13 de diciembre de 2011

Festejamos nuestro día

Por Rubén Fiorentino
Como cada 11 de Diciembre, una vez más nos dispusimos a celebrar con particular emoción y un alto grado de responsabilidad nuestro día. Emoción por celebrar un nuevo aniversario del nacimiento del más grande cantor popular de todos los tiempos, Carlos Gardel y por la coincidencia que otro referente como Julio de Caro, forjador de toda una época, también veía por primera vez la luz en esa jornada.
Responsabilidad porque debíamos preparar un espectáculo acorde con la fecha que se conmemoraba y también porque se iban a entregar los premios del XI Certamen de Poesía y VII de Cuento Breve y necesariamente debíamos estar a la altura de las circunstancias.
Teníamos también la expectativa de estrenar trofeos porque ya no entregamos esos universales que se adquieren en los comercios del rubro sino que como signo distintivo contamos hoy uno que nos identifica particularmente con el logotipo de la entidad.
Además lucíamos por primera vez ese retrato de ”Zorzal criollo”, replica de aquel que no le pudimos rescatar a la descendencia de Atilio Spadaro, que se ubicaba sobre el escenario presidiendo la reunión.
Se percibía desde temprano que la ansiedad de los concursantes era grande como así también la de los tangueros de Zona Norte deseosos de celebrar esta singular jornada.
Las expectativas felizmente fueron plenamente justificadas. El elenco reunido para la ocasión estuvo a la altura de las circunstancias y en cuanto a las obras recibidas fueron más que meritorias.
Nos quedó acaso un dejo de insatisfacción por no poder contar, para entregarles en mano sus merecidos premios, con los triunfadores en el rubro Cuento Breve pero valoramos las gratas presencias de José Luis Frasinetti que llegaba de General Belgrano a recibir el primer premio de Poesía, el “vasco” Adolfo Zabalza de Pergamino y Guillermo Santos Ledri de Gualeguaychú (Entre Ríos) que compartieron el segundo puesto y José Ramón Canalis de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires merecedor del tercero. En tanto, el cuarto puesto era también compartido por los otrora ganadores Florentino Diez de Ingeniero White y Delia Fernández Cabo de Canelones Uruguay que recibirán sus distinciones vía postal. Los resultados de Cuento Breve arrojaron el triunfo de Horacio Silva Fagúndez de Paysandú, Uruguay, seguido de Delia Fernández Cabo que hacía doblete y nuestro conocido Luis Nazzi de San Francisco Córdoba obtenía un meritorio tercer puesto. La cuarta posición fue para Frasinetti que con éste y con el Premio a Entidades  que recibiera por sus trabajos la Casa de Cultura Miguel Briante (en Poesía) redondeaba su noche perfecta. En tanto la quinta ubicación correspondía a los trabajos enviados por el oriental de Canelones José Antonio Hernández Milán (junto a Fernández Cabo coronarían a la Academia del Tango de Uruguay, en Cuento) y al martinense Víctor Antonio Longo.
Cabe destacar también la presencia de representantes de entidades amigas que se encontraban en la sala como la Asociación de Jubilados y Pensionados de Sandard Electric, el Centro de Jubilados “Club los Abuelos de Beccar”, la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos y Cultural “Dante Aliguieri”, el Círculo de Poetas de Boulogne, la Sociedad Argentina de Escritores de Zona Norte, la Asociación “Hijos y Amigos de San Isidro”, los “Amigos de la Plaza 9 de Julio de Martínez”, la Asociación Histórico Cultural “El Cañón” y difusores de emisoras de AM y FM.
Lo que fue el espectáculo en sí iniciado poco después de la hora 20 cuando se dejaron escuchar los compases del tango emblema, De Academia, de y por Osvaldo Fresedo, es algo que trataré de sintetizar en breves líneas. Como es habitual ya, fue Rafael Ruffet el encargado de dar la bienvenida, al que pronto se le sumó Jorge Gatti con quien compartiría la conducción del espectáculo.
Pronto abriendo el fuego tanguero Jorge Ariel recibió los primeros aplausos de la noche de un soberano ávido de tango.
Siguió, el reconocimiento público a Guillermo Jodar, servidor inclaudicable de la comunidad como reza la placa del trofeo que se le entregara, para cederle el escenario a Marcela Bublik que, intencionada y planeadamente con quienes organizamos la reunión, interpretó Los ojos de Antonia y Gorrión Fénix de Hugo Enrique Salerno y Marcelo Saraceni.
Precisamente el primero de los nombrados, “El quijote de la gorra” sería el elegido para entregarle el Reconocimiento a la Trayectoria que otorga anualmente nuestra entidad. En ambas entregas, la de Jodar y la de Salerno me tocó desde los controles poner la voz en off para narrar los causales por los que recibían las distinciones.
Llegaron las diferentes entregas de diplomas a los participantes del Certamen Literario para darle paso a las “Musas orilleras” que venían precedidas de un reciente halago profesional al haber sido distinguidas en el rubro composición en el certamen Hugo del Carril (Letra de Tango y Tango Música y Letra). Por cierto que con su actuación de la noche del domingo revalidaron con creces sus pergaminos bien ganados recibiendo por ello el merecido reconocimiento del público.

Una vez culminada la coronación de los ganadores, anunciada la temática de 2012 ("El Lunfardo") y que el triunfador de poesía hiciera pública su obra se produjo el cierre a toda orquesta con la presencia de la Antigua Fray Pimiento y su cantor Mauricio Díaz. Los jóvenes intérpretes, luciendo indumentaria de comienzos del siglo XX nos retrotrajeron con sus interpretaciones a un tiempo pretérito contagiándonos de su ritmo vivaz cuando el tango fuera pensado exclusivamente como danza.
Antes que culminaran su actuación quedó el tiempo justo para otorgarle a Carlos Adrián Ramos la Orden de la Amistad Tanguera por sus casi diez años de aportar desinteresadamente sus servicios como jurado a nuestros anuales certámenes literarios.
Retomó después su actuación la Antigua Fray Pimiento y fue tal la repercusión alcanzada con su presencia que los bises parecían interminables y quienes colmaban la sala manifestaban efusivamente que los muchachos prolongaran aún más su participación, cosa que lograron por un largo rato hasta que hubo que ponerle broche a esta jornada que por cierto resultará inolvidable para quienes tuvimos la dicha de asistir a ella.


Nota: Agradecemos la colaboración de Eduardo Willis y Oscar Vera con sus fotografías

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