Mostrando las entradas con la etiqueta organito. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta organito. Mostrar todas las entradas

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Para disfrutar antes de las fiestas

Como cada año es un inmenso placer compartir con nuestros lectores las obras ganadoras de nuestro Certamen Literario anual. Como fuera adelantado en la crónica de Rubén Fiorentino, publicada ayer, el oriental Horacio Silva Fagúndez se alzó con el primer premio en el rubro Cuento Breve, con su obra "Dos funciones de un organito", mientras que José Luis Frasinetti se coronó en Poesía, gracias a los versos de "Díptico para una pena", trabajos que publicamos a continuación, a sabiendas que las disfrutarán como nosotros.


Dos funciones de un organito 

La primera entrada del organito y el organillero sordo al café  y bar "Los amigos de Yatasto" fue más trágica que la segunda y ocurrió una tarde de otoño. Una tormenta, venida desde quién sabe qué profundo agujero del infierno nacido y criado en el Río de la Plata, había oscurecido la ciudad. Adentro, en el café, las mesas empezaban a chirriar adivinando la humedad que sería inminente en unos minutos. Recuerdo que yo había llegado una media hora antes, y me entretenía dibujando círculos de agua en la mesa con el fondo de mi vaso de ginebra. Todos los de siempre estaban allí. Y también, atraídos por la lluvia que ya se oía en los techos de las cuadras cercanas, algunos desconocidos, que fueron los que desparramaron y malentendieron esta historia. Antes de que el organillero entrara, había un profundo silencio, nadie puede decir hoy que fuera la calma que precede a la tormenta o un preámbulo artístico impuesto por el destino para la música de los tiempos idos que estaba por llegar. Desde mi mesa podía ver a la gente corriendo afuera y a las sombras de adentro: López deshilachaba unas hebras de tabaco, Rombito y Juan sacudían el polvo de tiza de la mesa de billar, esperando una pareja contrincante, los hermanos Lucio miraban a los que entraban con curiosidad, temiendo como siempre el ingreso de algún cana y los jugadores de truco alisaban las cartas que también empezaban a arquearse por el aire pastoso que entraba por las rendijas. Un trueno descomunal hizo temblar las paredes, las botellas se sacudieron un fantasma de polvo y los carteles de chapa que promocionaban bebidas que ya no existían largaron al piso cascarones de herrumbre. En ese momento se cortó la luz, y con en el último eco de la descarga, un segundo antes del aguacero, entraron el organito, su ejecutante y la cotorrita mojada que parecía como muerta en su hombro.
-Disculpen señores, pero entro para proteger el instrumento-dijo, entre guiños.
-Dele, nomás-le respondió el gallego desde atrás del mostrador, mientras encendía un farol.
Era un hombre flaco, o enflaquecido, usaba un sombrerito bombín y vestía un traje marrón, de trama transparente, un pañuelo blanco o amarillo le cubría el cuello que parecía el de un gallo viejo, con barba y bigotes quemados por el tabaco. . A pesar de la falta de carnes, se las arreglaba muy bien para levantar y mover la caja de madera a la que le quedaban dos de tres patas La cotorrita, comparada con el organillero, parecía la reina de Inglaterra. Todos giramos para mirarlos, mientras él pedía una caña y buscaba una moneda en los bolsillos. López me miró porque adivinó que no tenía. Ya calculaba que uno de los dos le pagaría el beberaje al viejo y me hizo saber con una mueca en su boca que “dejá, hoy me toca a mí”.
-Eh, amigo-dijo poniendo la mano cerrada sobre el mostrador- los parroquianos invitamos si usted hace sonar el organito, aunque más no sea para que no se escuche la tormenta.
Nos pareció que el viejo agradeció el convite con los labios ya puestos en el borde del vaso. Bajó la caña de un tirón, ante la mirada de reprobación del gallego a López que se escudaba alzando los hombros y poniendo cara de inocente, como si no hubiera podido evitarlo. Al bajar el vaso, López le hizo señas al gallego para que le llenara otra vez, pero el organillero se apartó del mostrador y tomó la posición de alguien que está por cavar un pozo en la piedra mientras se secaba los bigotes con la palma de la mano. Un rayo iluminó a todos de un modo extraño, como una especie de disparo que queda grabado para siempre en la memoria.
-Bueno, vamos a trabajar-dijo, poniendo a la cotorrita en el borde de la caja sonora.-Pídanle a Clementina que les diga la suerte y después vemos con qué repertorio andamos.
López miró a todos con complicidad y se agachó un poco hasta el ave. “A ver, Clementina, qué tenes para nosotros”. El bichito sacó una tarjetita azul violeta de una caja de fósforos que estaba pegada a la madera. López, esperó que un trueno se acabara y leyó, dicharachero
Viejos amores de tu vida/ no te dejan olvidar/ Cómo duele haber amado/ cómo duele recordar 
El cilindro empezó a girar. Las notas volaron y una profunda melancolía de la que hacía tiempo estábamos privados nos hizo sonreír. “Música de organito” y  “Cotorrita de la suerte”, pensé mientras los acordes recorrían un repertorio de melodías olvidadas y pintorescas. Reconocimos solo algunas “Empujá que se va a abrir”, “Rodríguez Peña”, “El otario”, “El porteñito”…Con los ojos cerrados, el organillero rotaba el manubrio con una mano y con la otra sostenía firmemente una de las paredes de la caja, y sonreía una sonrisa rara, que parecía en un llanto, con varias caras al cielo raso, como en un trance.
Pero entonces ocurrió la tragedia. Se hizo un breve silencio, la manivela giraba con un crujidito rasposo y silbante que no le habíamos oído hasta entonces y empezó a atacar con “La morocha”.  Los que seguían el ritmo con el pie o con las manos quedaron como petrificados. Las miradas se cruzaron en la penumbra y fue López el que se animó a decirle:
-Ese tango, aquí no se toca.
El viejo no lo escuchaba y seguía dale que te dale con la manijita.
-Que ese tango, acá, no se toca. ¿Me escuchás? No se toca.
Nada. López y otros lo tomaron por los hombros, lo levantaron por los aires y lo tiraron afuera con cotorrita, organito y todo, al agua.
-Viejito de porquería-dijo uno, mientras lo mirábamos ponerse el sombrero aguado y alejarse sin entender, como quién huyera del diablo que acaba de saludarlo con una lengua de fuego.
Y nos quedamos allí todos los demás, pensando en la morocha, en la nuestra. Una mujer inolvidable y esquiva que bailó por estos andurriales como ninguna otra. Nos quedamos maldiciendo a quien nos había vuelto a despertar  la nostalgia por unas pantorrillas como columnas griegas que hacían perder el sueño y un escote interminable, embrujador e interminable. Y el dolor perdido, el que pobremente habíamos tapiado con rutinas inocentes, que multiplicado recobrábamos ahora, parecía más sangriento, más vivo, más rojo. Ojos y labios de mujer venían a formarse en las sombras de los relámpagos; susurros de amor imposible nos torturaban con cada trueno. Descansábamos de cada lagrimón con un “viejo de porquería”, como un bálsamo de venganza ante los gemidos de bufoso que nos había quedado en el pecho después de escuchar su tanguito criollo. ¿Dónde estaría ahora? ¿Qué oscura barra de miserables estaría paseando las pupilas por sus tobillos y muslos que volaban, por su melena renegrida de ángel caído?

***
Pero antes de la segunda entrada, ocurrió el episodio de la mujer del pasado. Fue una tarde de primavera, qué ironía. Todos estábamos alrededor del radio de transistores recalentados. Se transmitía un Argentina-Uruguay que más debiera llamarse un Buenos Aires- Montevideo, porque qué técnico de los buenos conoce a las verdaderas luminarias escondidas en campitos o potreros que están más allá de los límites del Riachuelo, la General Paz o el Río Santa Lucía. Aburridos, ya no esperábamos un gol, sino que alguno de los centros half  viera una roja por jugársela por su patria metiendo un tremendo patadón que le cortara la carrera a un hermano del Plata, cuando de pronto se escuchó la voz de la mujer pidiendo un guindado y una ginebrita. La miramos boquiabiertos, sin creer, sin querer creer por piedad. Tomó sus bebidas extrañamente mezcladas, nos sonrió a quemarropa, con cierta tristeza, con cierta vergüenza, y se fue. La seguimos, mudos y absortos hasta la puerta, López le preguntó a Rombito:
-No era, ¿no?
-No, no era. Esta es mayor…otra mujer, mucho más mayor.
El tiempo, implacable, nos daba una bofetada a cada deslucido vaivén de las caderas de aquella mujer.
Un pibe que siguió escuchando el partido se nos vino gritando “¡Ehhh, echaron a dos uruguayos y un argentino le está dando la biaba al juez!, ¡se puso bueno, se puso!” Nadie le prestó atención, solo teníamos oídos para las mentiras que nos estábamos inventando. 
***
Unas semanas, unos meses, unos años después- quién puede decirlo con certeza- “Los amigos de Yatasto” se preparaba para una merecida desratización y limpieza de plagas, impuesta a punta de revólver por el municipio y bajo amenaza de cierre. Todos esperábamos en la vereda la llegada del DDT. Yo pude ver un puntito marrón que avanzaba por la calle, a los tumbos. Codeé a uno y le hice una seña con el mentón. A lo lejos se veía a un hombre y una caja de madera de dos patas con la noble figura de una cotorrita pintada en el costado, con un fileteado impecable de “En memoria de Clementina, la cotorrita adivina”. En cuanto nos vio, el organillero rajó como pudo, arrastrando la caja con una manito flaca y reseca. Los muchachos lo alcanzaron y lo trajeron como a un reo. Le sirvieron un vaso de caña, lo sentaron en la mejor silla del bar, lo rodearon tal como se lo hubiese rodeado al papa. Con los ojos llorosos, con el aliento perdido de quien pide un último deseo, le pidieron “La morocha”. 
Horacio Silva Fagúndez - Paysandú (Uruguay)

martes, 13 de diciembre de 2011

Festejamos nuestro día

Por Rubén Fiorentino
Como cada 11 de Diciembre, una vez más nos dispusimos a celebrar con particular emoción y un alto grado de responsabilidad nuestro día. Emoción por celebrar un nuevo aniversario del nacimiento del más grande cantor popular de todos los tiempos, Carlos Gardel y por la coincidencia que otro referente como Julio de Caro, forjador de toda una época, también veía por primera vez la luz en esa jornada.
Responsabilidad porque debíamos preparar un espectáculo acorde con la fecha que se conmemoraba y también porque se iban a entregar los premios del XI Certamen de Poesía y VII de Cuento Breve y necesariamente debíamos estar a la altura de las circunstancias.
Teníamos también la expectativa de estrenar trofeos porque ya no entregamos esos universales que se adquieren en los comercios del rubro sino que como signo distintivo contamos hoy uno que nos identifica particularmente con el logotipo de la entidad.
Además lucíamos por primera vez ese retrato de ”Zorzal criollo”, replica de aquel que no le pudimos rescatar a la descendencia de Atilio Spadaro, que se ubicaba sobre el escenario presidiendo la reunión.
Se percibía desde temprano que la ansiedad de los concursantes era grande como así también la de los tangueros de Zona Norte deseosos de celebrar esta singular jornada.
Las expectativas felizmente fueron plenamente justificadas. El elenco reunido para la ocasión estuvo a la altura de las circunstancias y en cuanto a las obras recibidas fueron más que meritorias.
Nos quedó acaso un dejo de insatisfacción por no poder contar, para entregarles en mano sus merecidos premios, con los triunfadores en el rubro Cuento Breve pero valoramos las gratas presencias de José Luis Frasinetti que llegaba de General Belgrano a recibir el primer premio de Poesía, el “vasco” Adolfo Zabalza de Pergamino y Guillermo Santos Ledri de Gualeguaychú (Entre Ríos) que compartieron el segundo puesto y José Ramón Canalis de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires merecedor del tercero. En tanto, el cuarto puesto era también compartido por los otrora ganadores Florentino Diez de Ingeniero White y Delia Fernández Cabo de Canelones Uruguay que recibirán sus distinciones vía postal. Los resultados de Cuento Breve arrojaron el triunfo de Horacio Silva Fagúndez de Paysandú, Uruguay, seguido de Delia Fernández Cabo que hacía doblete y nuestro conocido Luis Nazzi de San Francisco Córdoba obtenía un meritorio tercer puesto. La cuarta posición fue para Frasinetti que con éste y con el Premio a Entidades  que recibiera por sus trabajos la Casa de Cultura Miguel Briante (en Poesía) redondeaba su noche perfecta. En tanto la quinta ubicación correspondía a los trabajos enviados por el oriental de Canelones José Antonio Hernández Milán (junto a Fernández Cabo coronarían a la Academia del Tango de Uruguay, en Cuento) y al martinense Víctor Antonio Longo.
Cabe destacar también la presencia de representantes de entidades amigas que se encontraban en la sala como la Asociación de Jubilados y Pensionados de Sandard Electric, el Centro de Jubilados “Club los Abuelos de Beccar”, la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos y Cultural “Dante Aliguieri”, el Círculo de Poetas de Boulogne, la Sociedad Argentina de Escritores de Zona Norte, la Asociación “Hijos y Amigos de San Isidro”, los “Amigos de la Plaza 9 de Julio de Martínez”, la Asociación Histórico Cultural “El Cañón” y difusores de emisoras de AM y FM.
Lo que fue el espectáculo en sí iniciado poco después de la hora 20 cuando se dejaron escuchar los compases del tango emblema, De Academia, de y por Osvaldo Fresedo, es algo que trataré de sintetizar en breves líneas. Como es habitual ya, fue Rafael Ruffet el encargado de dar la bienvenida, al que pronto se le sumó Jorge Gatti con quien compartiría la conducción del espectáculo.
Pronto abriendo el fuego tanguero Jorge Ariel recibió los primeros aplausos de la noche de un soberano ávido de tango.
Siguió, el reconocimiento público a Guillermo Jodar, servidor inclaudicable de la comunidad como reza la placa del trofeo que se le entregara, para cederle el escenario a Marcela Bublik que, intencionada y planeadamente con quienes organizamos la reunión, interpretó Los ojos de Antonia y Gorrión Fénix de Hugo Enrique Salerno y Marcelo Saraceni.
Precisamente el primero de los nombrados, “El quijote de la gorra” sería el elegido para entregarle el Reconocimiento a la Trayectoria que otorga anualmente nuestra entidad. En ambas entregas, la de Jodar y la de Salerno me tocó desde los controles poner la voz en off para narrar los causales por los que recibían las distinciones.
Llegaron las diferentes entregas de diplomas a los participantes del Certamen Literario para darle paso a las “Musas orilleras” que venían precedidas de un reciente halago profesional al haber sido distinguidas en el rubro composición en el certamen Hugo del Carril (Letra de Tango y Tango Música y Letra). Por cierto que con su actuación de la noche del domingo revalidaron con creces sus pergaminos bien ganados recibiendo por ello el merecido reconocimiento del público.

Una vez culminada la coronación de los ganadores, anunciada la temática de 2012 ("El Lunfardo") y que el triunfador de poesía hiciera pública su obra se produjo el cierre a toda orquesta con la presencia de la Antigua Fray Pimiento y su cantor Mauricio Díaz. Los jóvenes intérpretes, luciendo indumentaria de comienzos del siglo XX nos retrotrajeron con sus interpretaciones a un tiempo pretérito contagiándonos de su ritmo vivaz cuando el tango fuera pensado exclusivamente como danza.
Antes que culminaran su actuación quedó el tiempo justo para otorgarle a Carlos Adrián Ramos la Orden de la Amistad Tanguera por sus casi diez años de aportar desinteresadamente sus servicios como jurado a nuestros anuales certámenes literarios.
Retomó después su actuación la Antigua Fray Pimiento y fue tal la repercusión alcanzada con su presencia que los bises parecían interminables y quienes colmaban la sala manifestaban efusivamente que los muchachos prolongaran aún más su participación, cosa que lograron por un largo rato hasta que hubo que ponerle broche a esta jornada que por cierto resultará inolvidable para quienes tuvimos la dicha de asistir a ella.


Nota: Agradecemos la colaboración de Eduardo Willis y Oscar Vera con sus fotografías

martes, 12 de abril de 2011

Bases XI Certamen Poético y VII de Cuento Breve - Tema: El Organito

XI Certamen Poético y VII de Cuentos

“Centro Cultural del Tango Zona Norte”



BASES:

Podrán participar los mayores de 18 años, pudiendo concursar en ambos certámenes.

El idioma será el español, aunque se aceptan términos en lunfardo. El estilo será libre y la temática: El Organito.

Se podrán presentar:

• Hasta tres Poesías por participantes con un máximo de 30 versos cada una.

• Hasta tres cuentos por participante con un mínimo de una página y un máximo de tres páginas cada uno.

No se aceptarán monografías ni ensayos, solo trabajos que se ajusten a la temática.



ENTIDADES:

En esta modalidad podrán concursar las entidades. Cada participante tiene derecho a representar a solo una (1) entidad (Clubes, Sociedades de Fomento, Centro de la Tercera Edad o Culturales, Círculos de Poetas, etc.), por rubro, es decir, puede representar a una entidad en poesía y a otra en cuento, también puede representar a la misma en ambos certámenes.

Pero este requisito no es prohibitivo, puesto que puede existir un concursante que no participe en nombre de institución alguna.

Las instituciones no tienen un límite máximo de representantes, sino que pueden tener tantos como puedan reunir.



PRESENTACION:

Los trabajos deberán presentarse por triplicado, hoja tamaño A4, carta u oficio, mecanografiadas o escritos a computadora, en una solo faz del papel. Los autores firmarán las obras con seudónimo.

Enviarán en un sobre chico, cerrado, sus datos personales completos, (nombre, apellido, fecha de nacimiento, documento, domicilio, teléfono, seudónimo, categorías, título de la obra y entidad a la que representa), y en el frente del mismo, escribir seudónimo, categoría y títulos. La obra y el sobre chico, en un sobre grande, cerrado, en cuyo frente se indicará:

“XI Certamen Poético Centro Cultural del Tango Zona Norte” y/o

“VII Certamen de Cuento Centro Cultural del Tango Zona Norte”

Se enviarán por correo, e-mail, o bien se entregarán personalmente.

En caso de enviarlo a través de Correo Electrónico, en archivo adjunto remitir las obras y en otro (cuyo nombre sea el seudónimo elegido) los datos personales, seudónimo, categoría, entidad adherida y títulos.

INSCRIPCION:

Será libre y gratuita para todos los habilitados en las bases. En caso que los concursantes no asistan a la ceremonia de entrega de premios, los reconocimientos serán resguardados por término de noventa (90) días para que los interesados retiren sus distinciones. Estas no serán enviadas por correo, a excepción de aquellos participantes que residan en el interior o exterior del país.

RECEPCION:

La recepción de los sobres se hará hasta el 15 de octubre de 2011 inclusive en: Liniers 227, San Isidro –1642, Centro Cultural del Tango Zona Norte (Hudson 1670, Beccar –1643), Chile 243 (Avellaneda – 1870) o vía e-mail a nortangoxxi@yahoo.com.ar o a centroculturaldeltango@yahoo.com.ar. La información acerca del certamen estará disponible en http://www.nortangoxxi.blogspot.com/



JURADO:

Se integrará con poetas, historiadores, escritores y docentes designados por el Centro Cultural del Tango Zona Norte, su fallo será inapelable. Se expedirá a fines de noviembre de 2011.



VEREDICTO:

Una vez que los jurados den a conocer los resultados del Certamen se informará a la opinión pública por diarios zonales, emisoras de radio, soportes digitales y canales televisivos.

Los trabajos no premiados serán destruidos, no se devolverán ni se hará uso de ellos.



PREMIOS:

1º Premio: Diploma, trofeo y difusión de la obra.

2º Premio: Diploma.

3º Premio: Diploma.

4º Premio: Diploma.

5º Premio: Diploma.



MODO DE CLASIFICACION DE ENTIDADES:

De acuerdo al desempeño de sus representantes, la entidad que obtenga la mejor labor, ganará el Certamen.

Los premios se entregarán en ocasión de celebrarse el “Día Nacional del Tango” en sitio y hora a designar.

Cualquier situación no prevista en este Certamen será resuelta por el Centro Cultural del Tango Zona Norte.

jueves, 3 de marzo de 2011

Abrimos la puerta, ¡es tiempo de organitos!


Como es costumbre con los albores de marzo tenemos el agrado de invitarlos a participar de una nueva edición de nuestros concursos literarios, el XI Certamen Poético y VII de Cuento Breve y para ello damos a conocer las Bases, única jaula para la pluma de esos pájaros creativos, nuestros amigos de todo el mundo.

Las mismas son similares a las de ediciones anteriores y pueden solicitarse a nortangoxxi@yahoo.com.ar o al perfil de facebook del Centro Cultural del Tango Zona Norte. Del mismo modo estarán publicadas en medios gráficos amigos (digitales o papel) y naturalmente en este sitio, con el correr de los días (para no agobiarlos).

Podrán participar los mayores de 18 con obras (3 máximo por rubro) firmadas con seudónimo, escritas en español o lunfardo y que no excedan los treinta versos (Poesía) o las 3 carillas (Cuento). Naturalmente, dado que es un certamen temático, los trabajos deben ceñirse a la misma, que en este 2011 será: El organito.

En la actual edición quisimos recordar a aquellos instrumentos que alegraron con su música a salones de baile, plazas, ferias, espectáculos teatrales y lugares de entretenimiento. Por qué no, también, a sus pintorescos ejecutantes que solían recorrer calles y carruseles de Buenos Aires y otras ciudades de la Argentina, como asimismo otros países de Sudamérica y Europa de donde proviene.

Allí se lo conoce indistintamente como "Drehorgel", en Alemania, "Realejo", en Brasil y Portugal, "Lirekasse", en Dinamarca, "Orgue de Barbarie" (en Francia), "Draaiorgel", "Pierement" o "Straatorgel" (Holanda), "Organetto di Barberia" (Italia), "Positiv" (Suecia) o simplemente como el Organillo español.

Señala Osvaldo La Salvia, descendiente de uno de los precursores en la Argentina, que este singular instrumento musical logró penetrar en EEUU. Allí, al igual que en Inglaterra se lo conoce como: "Barrel Organ", "Street Organ", "Fair Organ", "Mechanical Street Organ" y "Band Organ", según las características, tamaños, y usos.

Se cree que para mediados del siglo XIX ya sus notas arrancaban sonrisas en nuestro país. Miguel Germino, en “El organito nació y murió en Balvanera”, lo identifica ya en la época de Rosas, esa que pinta de maravillas Héctor Pedro Blomberg y señala que incluso fueron usados, a modo de juglares, en la infame Guerra del Paraguay. Nos alertan Julio Nudler y Néstor Pinsón en “El Organito” que su cotidianeidad se refleja en el Martín Fierro (1872), obra insuperable de la literatura nacional y no tardaría en fabricarse en nuestro país, especialmente por inmigrantes italianos.

En 1889, los hermanos Rinaldi comienzan con su producción (hasta 1921), tarea a la que se sumarían los Turconi y Faranelli, la familia Secatelli y desde 1900 (hasta 1984) la familia La Salvia, que en la actualidad mantiene un Museo.

De a poco se fueron diseminando por Buenos Aires y sus arrabales acompañados por su pintoresco ejecutante y cuando no una mascota (un loro, un monito, etc.) que ayudaba a cautivar a grandes y chicos al son de polcas, pasodobles, valses, tarantelas y tangos. Incluso había cilindros exclusivos de tangos, género que le rindió su justo tributo con páginas como “Organito de la tarde” (1924), de José González Castillo y Cátulo Castillo, “Cotorrita de la suerte” (1927), de De Grandis y De Franco, “El último organito” (1949), de Homero y Acho Manzi, "Organito del suburbio", de Antonio Bonavena (tío del popular “Ringo”), "Música de organito", de Manuel Buzón, Osvaldo y Carlos Moreno, "Organito", de Juan Carlos Gravis, “Organito malevo”, de Lorenzo Barbero, “Organito de mi barrio” de Pedro Mario Mafia, “La cotorrita”, de Samuel Castriota, Antonio y Héctor Polito y "Organito arrabalero", de Ernesto Baffa y José Libertella, por citar algunos.

Se alude a él en “La misma canción”, de Abel Aznar y Carlos Lazzari, “El Cocherito” (1944) de Santiago Adamini, Alfredo Attadía y Angel D´Agostino, “Quejas del suburbio” (1925) de Antonio y Salvador Polito, “La musa mistonga” (1926), de Antonio Polito y Celedonio Flores, “Color de barro” (1948), de Anselmo Aieta y Cátulo Castillo, “Cuando el barrio se duerme”, de Luis Teisseire y Juan Andrés Caruso, “Coplas del Viejos Almacén “, de Edmundo Rivero y Horacio Ferrer, “La loca de la plaza”, del propio Ferrer y Daniel Piazzolla, “Nací en Pompeya” de Natty Paredes y José Rótulo, la letra de Carlos Pesce para “El Porteñito”, de Angel Villoldo, entre muchos otros.

Su encanto alcanzó al séptimo arte en 1925 con El organito de la tarde, de José Agustín Ferreira, al teatro, de la mano de Armando Discépolo, con “El último organito” y esperamos que a Uds. los inspire en bellos versos y párrafos con el nivel y calidad acostumbrada.


+Enlaces

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

- Día Nacional del Bandoneón -

- Día Nacional del Bandoneón -
El 11 de junio se celebra el "Día Nacional del Bandoneón" en homenaje a un nuevo aniversario del natalicio del mayor exponente de ese instrumento, Aníbal Carmelo Troilo o simplemente...Pichuco