martes, 6 de junio de 2017

“Los cuarenta una evocación”
Crónica por Rubén A. Fiorentino

Tarde fría la del pasado sábado en que nuestro amigo Laureano Castaño, escritor y primer vocal de Comisión Directiva del Centro Cultural del Tango Zona Norte presentaba su libro “Los cuarenta una evocación”.
Hacía precisamente alusión a la temperatura ambiente porque eso no hizo mella en los tantos que nos dimos cita en el Instituto Román Rosell de San Isidro para presenciar el nacimiento de esa criatura que resulta ser la obra de un realizador.
El salón principal lucía como en las mejores jornadas destacándose como siempre el órgano canadiense que sirve de fondo al escenario, las filas de pupitres cuidadosamente ordenados dispuestos a ambos lados de un pasillo central, una mesa con los ejemplares que después de la presentación se pondrían a la venta a la entrada y otra dispuesta perpendicularmente a ella para albergar las vituallas con las que el bueno de Laureano convidaría a posteriori a los presentes.
El techo alto y los grandes ventanales con sus respectivas cortinas completaban lo que hace a la decoración.
El calor a la tarde fría lo daría primero la hospitalidad con la que hicieron gala los dueños de casa representados por Fernanda Cervera responsable del área de cultura de la institución anfitriona y luego esas charlas previas con amigos de SADE Zona Norte, amigos y familiares de Castaño,  María Laura Vicenti representante de Centro de Día Ana Goitía para Adultos Ciegos y Disminuidos Visuales, la entidad que núclea a los no videntes y con dificultades de visión del vecino partido de San Fernando y público en general.
El inicio de la reunión lo dio María de las Mercedes Alvares Sevillano una joven no vidente que sobreponiéndose a su capacidad diferente esmera por superarse y cursa estudios de locución en el ISER, la que demostró condiciones más que auspiciosas para desempeñarse en el rubro. 
Luego de la presentación del autor y los merecidos aplausos que marcaron su presencia sobre el escenario, me tocó a mí hacer un pequeño prólogo de las sensaciones que me produjo la lectura del libro, las que trasmití sinceramente a una audiencia que con un silencio, casi religioso, escuchaba atentamente mis palabras.
Pero claro la presentación no consistía solamente en establecer mi juicio de valor personal sobre las bondades de la obra, sino que requería también, alguna lectura de muestra que pudiera despertar el interés de los presentes y para ello Laureano escogió uno de los tantos cuentos que suma las páginas del libro, para que yo lo leyera.







Sin dudarlo arremetí con la lectura cuidando de darle vida a cada uno de los personajes tratando de traducir con mis palabras esas vivencias relatadas en el papel por el autor. Me tocó en tantísimas oportunidades escuchar de sus propias bocas obras de amigos que incursionan muy bien en la escritura pero que al dar a conocer sus trabajos le imprimen una monotonía que fatalmente los desluce y me cuidaba de no caer en ello.
Creo haber logrado el objetivo porque pude mantener la atención en la sala, que hasta llegó a disculparme algunas “malas palabras”, que emplea Laureano en su relato plenamente coloquial, que yo pronuncié fiel a la lectura.
Aplausos y vítores celebraron el cuento “Polleras” que pinta un Laureano de edad escolar y sus primeras vinculaciones con el sexo femenino.
Mientras esto sucedía música de tango le daba marco sonoro al recinto, Carlos Bianchi, un operador no vidente iniciaba ese muestrario de música de Buenos Aires con De academia, tango emblema del Centro Cultural del Tango Zona Norte seguido después con otras fenomenales obras que marcaron la década del cuarenta donde por supuesto no podía faltar grabaciones de la dupla Troilo-Fiorentino.
Silenciada la música y creyendo necesario hacerlo, Laureano reveló el cargo que ejerzo en la entidad que represento y también mis inquietudes en la poesía pidiéndome que hiciera conocer al público algunas de mis obras como parte de esta jornada con las letras.
Se me ocurrió leer Derrotero que es algo así como la síntesis de mi vida en la que no faltan los tiernos recuerdos, la evocación de los tiempos amargos y las expectativas por lo que vendrá. Así culminaba este día inolvidable donde mi amigo disfrutaba de la disposición de los dueños de casa, del interés manifiesto por su obra, de autografiar los ejemplares y de las muestras de cariño encerradas en cada uno de los saludos que le prodigaban.

Luego vendrían las fotos, los saludos, el ágape y la venta de libros cuya entera recaudación por decisión de Castaño será  destinada a la labor que realiza este tradicional instituto, orgullo de esta parte del conurbano, que el próximo 12 de Julio cumplirá su septuagésimo sexto aniversario. 

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